lunes, 23 de noviembre de 2009

bird's nest - herzog & demeuron


No hay nada parecido en el mundo. Como imagen, es exactamente lo que el Comité Olímpico de Beijing pretende que se transmita en todo el mundo como la símbolo de la nueva China, igual de inolvidable que su cursi eslogan: -Un mundo, Un Sueño-. Para una nación que valora profundamente el simbolismo de la arquitectura formal, crear una forma icónica que simultáneamente evoque el Cielo [un círculo] y un próspero nido de pájaro, fue algo genial por parte de los arquitectos. No obstante, su creación ha sido tan hipnotizante que nadie menciona el pequeño asunto del parque olímpico de 1,200 hectáreas y los otros 31 recintos a su alrededor.
Esto quizá es algo bueno. Porque el -nido de pájaro- probablemente es lo más novedoso como atracción visual arquitectónica, pero sus vecinos no lo son. Arquitectónicamente hablando, al menos, los juegos olímpicos de Beijing son un fracaso.
Dos meses antes del comienzo de los juegos, la valla de acero de cuatro metros que rodea al parque está cercada con soldados de expresión pétrea, que la protegen de los visitantes, cientos, quizá miles de ellos, que llegan constantemente al lugar para hacer una fantástica foto de buena suerte. Los autos desaceleran su marcha, al tiempo que los curiosos trepan los montones de adoquines que serán utilizados para pavimentar y utilizan sus teléfonos celulares para hacer fotografías. Para los que no tienen cámaras, hay vendedores que ofrecen -recuerdos instantáneos-, además de los que venden miniaturas del nido de pájaro hechas de supuesto oro. Acercarse más de eso es imposible. Hasta agosto será la nueva Ciudad Prohibida de Beijing. Por lo que tengo mucha suerte de estar del otro lado de los soldados. El estadio parece imposible, irreal. A la distancia parece estar cuidadosamente tejido, pero de cerca, la red exterior de acero, lo que Pierre de Meuron llama -el bosque arquitectónico- parece imposiblemente compleja. Dentro del nido se encuentra el -huevo- de concreto de color rojo donde se encuentran los 91 mil asientos del estadio. Sin embargo, el verdadero impacto está en el espacio entre éste y el nido exterior, donde pasillos y escaleras caprichosas se entretejen entre las ramas, un verdadero bosque arquitectónico. Desgraciadamente, esta estupenda construcción hace destacar aún más al inhóspito terreno sobre el que se construyó. Siempre hemos escuchado que los chinos pueden lograr milagros. En este caso verdaderamente lograron lo imposible: un lugar que al mismo tiempo resulta asombroso y banal. Imagine un parque industrial afuera de Daventry, en inglaterra, cargado con el monumentalisto del estilo Mao. Pocos de los recintos, la mayoría completamente nuevos, van más allá de lo mundano. El de más alto perfil, vecino del nido de pájaro, el Centro Acuático Nacional o -cubo de agua-, sólo tiene un talento. Los arquitectos australianos PTW, junto con los ingenieros Arup, la firma China State Construction Engineering Corporation, y el instituto de diseño de Shenzhen, trataron de eclipsar a su vecino con una caja de burbujas. El material de la construcción, Etileno tetraflúoretileno [ETFE], es una especie de empaque de burbujas arquitectónicas. Y está reforzada con una jaula de acero 99% más ligera que el vidrio y mucho más eficiente para transmitir la luz y como aislante, además de que está diseñada para recortar los costos de energía en 30. Les gusta mostrarlo por la noches, iluminado con luz azul como un baño de burbujas psicodélico, quizá porque con la luz del día se ve corriente e inevitablemente de apariencia plástica. El interior no es nada fuera de lo común.
compleja. Dentro del nido se encuentra el -huevo- de concreto de color rojo donde se encuentran los 91 mil asientos del estadio.

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